enero 14, 2026
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Las hileras de paneles solares en la meseta tibetana no sólo generan miles de megavatios de electricidad, sino que también crean un microclima que fertiliza el suelo y aumenta la biodiversidad circundante. Foto de : is

QINGHAI – En medio del silencio árido y helado de la meseta tibetana, está ocurriendo una asombrosa anomalía ecológica.

Miles de hectáreas de sistemas fotovoltaicos, hasta donde alcanza la vista, no son sólo máquinas pasivas que producen electricidad. Sin embargo, funciona como un “bosque mecánico” que milagrosamente devuelve la vida a la tierra firme.

El parque solar más grande del mundo en la provincia china de Qinghai es ahora el foco de atención mundial. No sólo por su enorme capacidad de producción, sino también por los últimos descubrimientos científicos que demuestran que la tecnología de energía renovable puede provocar la terraformación, o reparación natural de la estructura de la Tierra.

Derrota a Estados Unidos, ataca el desierto.

La magnitud del proyecto en Qinghai es difícil de imaginar. Según un informe del New York Times, este clúster es capaz de producir hasta 17.000 megavatios (MW) de energía eléctrica. Esta cifra supera con creces la capacidad incluso de los campos solares más grandes de Estados Unidos.

Este es uno de los ambiciosos megaproyectos de Beijing para garantizar que el futuro del País de la Cortina de Bambú funcione enteramente con energía renovable.

La verdadera sorpresa, sin embargo, no es la cantidad de megavatios. Un completo estudio publicado en la prestigiosa revista Nature revela un hecho nuevo: la presencia de kilómetros de paneles solares ha cambiado drásticamente el entorno desértico circundante.

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